UNA MIRADA A LA POESÍA Y LA MÚSICA EN LA ÓPERA



Las artes conceden al hombre un talante superior, ataráxico, cargado de serenidad y felicidad en la experiencia de los aconteceres, en donde la plenitud de la expresión artística se manifiesta en su obra. Allí donde el individuo salva, encarna y encuentra al mundo intangible pero mágico, de las artes, se encuentra la música y la literatura en la ópera.

Dentro de la serenidad y honradez que estas dos artes tan complejas (distantes, debido a sus lenguajes), pero tan complementarias en la ópera haciendo de está una de las más importantes manifestaciones artísticas del hombre en la historia de la humanidad, descubriendo tanto en la música, como en la literatura (sin dejar de lado las otras artes que intervienen en su majestuoso desarrollo), que el estudio de las obras de música vocal desde un punto de vista analítico, en donde una visión integradora de música y texto verbal, como partes de un único mensaje, proporcionan la magnificencia de la compenetración de la música y la poesía, y ambas partes formen una unidad indisoluble e histórica de la intimidad amorosa del hombre.

Compositores y escritores se unieron en diferentes escenarios para exponer la ópera en una constante evolución. Desde la herencia culta del motete o del madrigal, sometidas siempre a metamorfosis musicales y poéticas, contando con la constante influencia de la llamada “canción popular”, enriqueciendo no solo las frases poéticas, los escenarios y la música, como a los compositores y libretistas enmarcándose en sus influencias literarias.

La música vocal se debe mucho, en gran medida a la materia verbal de la que asume la estructura, métrica y el importante espíritu poético, entregando la sublime expresión conjugada entre poeta y compositor.

En los primeros tiempos y hasta el siglo XVII la ópera era considerada en primer lugar y fundamentalmente una forma literaria, siendo la música apenas un elemento incidental añadido, los compositores perseguían una declamación clara, correcta y además la expresión musical de las ideas contenidas en la poesía.



MARIA JACINTA
Acrílico sobre tela
52 x 45


En énfasis sobre el texto verbal tiene sus raíces en el renacimiento, que asistió a un renovado interés por el mundo antiguo. Hasta entonces se había considerado que la música de la antigüedad (de la cual sólo algunos pocos fragmentos han sobrevivido) poseía mágicos poderes para conmover al oyente mediante el maridaje de las palabras y de la música expresiva.

En el siglo XVI los músicos fueron preocupándose cada vez más por encontrar un lenguaje musical capaz de expresar de forma adecuada y conmovedora, los textos a los que acompañaban.

Para la expresión de lo subjetivo que anhelaban, el contrapunto no les sirvió, puesto que dificulta la comprensibilidad clara y precisa de las palabras del texto. Por ello conquistaron en la monodia no solamente el medio lógico a través del cual se expresan las individualidades que actúan en el drama musical; su stilo rappresentativo o rezitativo, logra una realidad en una especie de canto recitado y solemne, al cual sirve en la declamación y la expresión para aclarar el texto.

Los estudios sobre el drama y música en el mundo antiguo se desarrollo particularmente en el círculo de los artistas y los profesores, la llamada “camerata Florentina”, Jacopo Peri sacó la última de sus aspiraciones al aplicar el nuevo principio de composición de Vincenzo Galilei a la composición de un poema dramático, la Dafne de Octavio Rinuccini, gran parte de la cual se ha perdido. Esto mismo se puede encontrar en la obra Eurídice, un canto expresivo mueve a compasión a los seres demoníacos, de esta manera Orfeo vuelve a Eurídice. Para Bach las corales a un alto nivel de perfección es la sutileza en la interpretación de la idea poética.

La importancia que significó para Mozart la ópera, fue significativa a lo largo de toda su obra de tal manera que la ella responde, muchas veces, a una estructura determinada, con un concepto expresivo que la colocaría en una dimensión por completo diferente, como lo fue su máxima ópera Die Zauberflöte.

Para el Lied, forma de canción íntima alemana, escrita para ser ejecutada a una sola voz, inmersa en el ámbito operístico, retomado por varios compositores fuertemente influenciados por movimientos literarios. Como por ejemplo: el Lied schubertiano, tuvo una gran influencia por dos movimientos literarios, el primero fue el lirismo pietista señalando un despertar y la toma de conciencia de una sensibilidad burguesa y afectivo de Friedrich Gottilieb Klopstock poeta influenciado por la religión.

El segundo movimiento estuvo en el marco del patriotismo, fue para Johanna Gottfiried von Herder y el aún joven Goethe. Así como en el romanticismo la influencia de la poesía fue crucial para el desarrollo de la ópera. Todo esto se debió a que Schumann, era uno de los grandes paradigmas del romanticismo alemán, ya que su padre era librero y la literatura y la música compitieron por sus inquietudes artísticas durante toda su juventud, “mi vida entera ha sido una lucha constante entre la poesía y la prosa, entre la música y la ley”, le escribe a su madre en 1830, no solo por sus inclinaciones, sino también por sus estudios de leyes; nunca abandono la escritura de poemas y la prosa, consolidada con su publicación “Neue Zeitschrift für Musik”, bajo el seudónimo de Eusebius.

Otro importante compositor de esta época y padre del poema sinfónico, Franz Liszt, este, el poema sinfónico alude a un elemento externo de inspiración poética, así también incursiono en el campo del Lied alemán dejando clara su influencia literaria, en donde entre Homero, Víctor Hugo, la biblia y siempre se debatían con sus convicciones. Liszt y su obra fue una influencia decisiva en la obra de otros músicos posteriores como Saint-Saëns o Richard Strauss.

Llegando a finales del siglo XIX, para el filósofo alemán Nietzsche la ópera Carmen, de Bizet, era una obra repleta de claridad mediterránea que despejaba “toda la niebla del ideal wagneriano”. Aparecieron la opera comique, así como otras importantes obras como Cavalleria Rusticana (1890), de Pietro Mascagni, y Pagliacci (1982), de Ruggero Leoncavallo, unos melodramas breves pero intensos sobre la pasión y la muerte en las soleadas aldeas de Italia.

El verdadero sucesor de Verdi fue Giacomo Puccini (1892), componiendo óperas de gran calidad melódica e increíble expresión poética como lo fueron: Manon Lescaut(1893), La Bòheme (1896), Tosca (1900), Madame Butterfly (1904) y la inacabada Turandot (producción póstuma de Franco Alfano en 1926).

A medida que avanzaba el siglo XX, los estilos operísticos comenzaron a reflejar los persistentes enfoques nacionalistas como un creciente internacionalismo representado por el atonalismo y las técnicas seriales. En este momento histórico aparece la opera buffa del compositor Prokófiev. Antes de morir compuso la gran ópera Guerra y paz (1946, revisada en 1952) basada en la novela de Tolstoi, comprobando una vez más la influencia de la literatura en la ópera siguió presente, incluso hasta este siglo, en donde también se incorporan, para los compositores más modernos, la influencia de los estilos folclóricos, populares o jazzísticos, tomando la literatura de la época como un patrón crucial para el desarrollo triunfal de estas óperas.

Con todo ello es interesante encontrar la importante colaboración que existió entre compositores y escritores, poetas y/o novelistas, para llevar a sus obras a la cima crucial donde pueden ser admiradas como la forma musical en la que esta posicionada y en la cual a llevado a grandes cantantes, músicos, coristas, directores de escena, diseñadores, compositores, directores, escritores y demás personal involucrado en la realización y magnificencia de cada gran ópera.

1 comentario:

Jhon Rivera dijo...

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